Con motivo del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, quisimos abrir un espacio de conversación con las personas mayores de la residencia. La idea era reflexionar sobre qué significa hacerse mayor y sobre aquellas situaciones que pueden resultar dolorosas o injustas. Sin embargo, la conversación tomó un camino que nos sorprendió gratamente.

Sí aparecieron algunas cuestiones relacionadas con el edadismo: el hecho de que a veces se trate a las personas mayores como si fueran niños, que se den por perdidas capacidades que siguen estando ahí o que se hagan comentarios sobre cómo deberían vestir, comportarse o vivir simplemente por tener una determinada edad.

Pero, por encima de todo eso, surgió una visión muy positiva de la vejez.

Las personas participantes hablaban de experiencia, de libertad, de conocerse mejor a uno mismo y de aprender a dar importancia a lo que realmente la tiene. Una de ellas comentaba: «Cuanto más mayor me hago, más joven me siento». Otra añadía: «La edad es solo un número». Y muchas coincidían en una idea sencilla pero poderosa: lo importante no es la edad que uno tiene, sino no perder nunca el entusiasmo.

También hablamos de cómo, en ocasiones, la sociedad deja de ver a la persona y empieza a fijarse únicamente en su edad. Quedan en un segundo plano sus historias, sus capacidades y todo aquello que las hace únicas. Sin embargo, basta con conocer a personas usuarias como Carmen, que recita poesías de memoria, o a Ángeles, que cuenta chistes capaces de hacer reír a toda la mesa, para darse cuenta de que la edad no define a una persona. Como ellas, muchas otras personas del centro siguen haciendo ejercicio, aprendiendo cosas nuevas, participando en actividades y manteniendo una vida activa y llena de intereses.

Quizá por eso una de las frases más celebradas de la mañana fue:

«Hay viejos chulos».

Y es que detrás de esa expresión había algo más profundo. Una reivindicación de una vejez vivida con personalidad, con humor, con ganas de hacer cosas y de seguir ocupando un lugar en el mundo. Una forma de recordar que hacerse mayor no implica renunciar a quién uno es.

Como profesionales, hubo algo que nos llamó especialmente la atención. Muchas de las personas que participaron han convivido a lo largo de su vida con el estigma asociado a los problemas de salud mental. Tal vez por eso tienen muy claro lo que supone que otros hablen por ti, te etiqueten o decidan quién eres. Y quizá por eso también defendieron con tanta fuerza la importancia de ser vistos más allá de cualquier característica, ya sea un diagnóstico o una edad.

Desde la Residencia Puerta de Hierro queremos aprovechar este día para lanzar un mensaje sencillo:

Las personas mayores no necesitan que las tratemos como si fueran menos capaces, más frágiles o menos interesantes. Necesitan que las escuchemos, que las respetemos y que sigamos viendo todo lo que son.

Porque envejecer no borra a la persona.

Y porque, como nos recordaron ellas mismas durante el taller, hay viejos chulos, viejas chulas y muchas ganas de seguir viviendo.