Desde hace ya varios años, en el CRPS de Alcalá mantenemos una colaboración muy especial con el Colectivo CAJE (Colectivo de Acción para el Juego y la Educación), una asociación que trabaja con alrededor de 90 niños, niñas y adolescentes del barrio, ofreciendo apoyo educativo, espacios de convivencia y acompañamiento comunitario.
Lo que comenzó como una pequeña iniciativa de voluntariado se ha convertido en una experiencia enormemente enriquecedora para todas las personas implicadas y en un ejemplo real de inclusión, participación comunitaria y recuperación en salud mental.
Un voluntariado con impacto real
José y José Manuel, dos personas exusuarias de nuestro centro, comenzaron a acudir de voluntarios a CAJE cuando aún estaban en proceso de recuperación. Iban dos días por semana para enseñar ajedrez a los niños y niñas como una actividad más de la asociación y, aún hoy, habiendo sido dados de alta en nuestro centro, continúan acudiendo con la misma ilusión e implicación del principio.
Este espacio compartido con los chavales se ha convertido en un momento de encuentro, vínculo y disfrute mutuo. Un espacio donde la enfermedad mental no está presente para ninguno de ellos; de hecho, son los “profes” para los chavales, que así los ven.
Desde el año pasado, además, hemos ampliado esta colaboración incorporando nuevas acciones.
“Érase una vez…”
Hemos puesto en marcha, junto al Colectivo CAJE, nuestro grupo de cuentacuentos. Un grupo de personas usuarias del centro, apoyadas y guiadas por Mila, una de nuestras educadoras, ha preparado un cuentacuentos. Pero no es un cuentacuentos cualquiera: algunos de los cuentos están escritos e ilustrados por las propias personas del grupo, desarrollando y visibilizando su capacidad creativa y literaria. Otras cuentan historias que les contaban de pequeños y disfrutan pudiendo narrarlas de nuevo y transmitirlas para que no queden en el olvido.
La primera experiencia tuvo lugar en Navidad y fue tan bonita y motivadora que las personas participantes decidieron continuar formándose. Gracias a la implicación de un educador de la asociación, recibieron una formación específica en interpretación que les permitió preparar nuevas actividades.
El pasado martes 26 de mayo celebramos nuestro segundo cuentacuentos, y volvió a ser una experiencia maravillosa. En esta ocasión incluimos un cuento muy especial: “El cazo de Lorenzo”, que adaptamos como “El cazo de Loren” para hacerlo más inclusivo y cercano a todos los niños y niñas.
La participación, la ilusión y el cariño con los que se vivió la actividad nos recuerdan el enorme potencial que tienen este tipo de espacios para generar encuentro, sensibilidad y aprendizaje mutuo.
“Un cuento creativo”
Larisa, otra usuaria del centro que lleva con nosotros unos seis años y que se encuentra cercana al alta del recurso (actualmente en seguimiento), nos pareció que estaba en el momento perfecto para formar parte del grupo de voluntariado. Este año ha comenzado a participar en otra actividad, apoyando a un grupo de niñas de 1.º de Primaria. Dedica la tarde de los jueves a estar con ellas.
Cada jueves acude a contarles un cuento de una forma muy especial: prepara una manualidad para realizar con las niñas que tiene que ver con el contenido de la historia que les va a contar. La experiencia está funcionando fenomenal y ha supuesto un impacto muy significativo en su proceso de recuperación. En poco tiempo han generado un vínculo especial en el que disfrutan del tiempo compartido. De hecho, durante la semana Larisa prepara con dedicación y muchísima ilusión la actividad que va a realizar con ellas.
En este caso, la experiencia ha sido tan positiva que incluso ha despertado nuevas inquietudes personales y profesionales, motivando a Larisa a querer realizar diferentes formaciones relacionadas con la educación infantil.
Cuando una persona va alcanzando muchos de los objetivos relacionados con su bienestar, autonomía o participación social, existe un aspecto fundamental que cobra especial importancia: el autoconcepto y la construcción de una identidad positiva. Poder desempeñar un rol útil, sentirse necesaria, aportar a otras personas y formar parte activa de la comunidad tiene un enorme valor terapéutico y humano.
La recuperación en salud mental también sucede en los vínculos, en la participación comunitaria y en descubrir que una persona puede aportar valor a las demás.
Hablar de salud mental con naturalidad
Otro momento especialmente significativo de esta colaboración fue la charla sobre lucha contra el estigma y promoción de la salud mental que realizamos con las personas que forman parte del equipo de CAJE y con los chicos y chicas más mayores que acuden a actividades (17 y 18 años).
La acogida fue increíble. Mostraron muchísimo interés, alrededor de 25 chicos y chicas participaron activamente y se generó un debate muy enriquecedor después de la charla. Tanto fue así que nos transmitieron su deseo de continuar trabajando estos temas el próximo año y ampliar la actividad para que pueda llegar a más chavales de la asociación.
Hablar de salud mental desde la cercanía, la experiencia y el encuentro directo ayuda a desmontar prejuicios, humanizar las dificultades psicológicas y construir una mirada más comprensiva y respetuosa. Si algo quedó patente tras esa charla es que la salud mental interesa a nuestros jóvenes, pero aún estamos muy lejos de contar con una información adecuada al respecto, tanto sobre gestión emocional como sobre los recursos existentes. ¿Quizá debería formar parte del proceso educativo elemental? En el grupo lo teníamos claro: es necesario.
Recuperación, participación y comunidad
Experiencias como esta ponen de manifiesto algo fundamental: la recuperación en salud mental no ocurre únicamente dentro de los recursos sanitarios o sociales. También sucede en los vínculos, en la participación comunitaria, en sentirse parte de algo y en descubrir que una persona puede aportar valor a las demás.
Además de los beneficios emocionales y personales para las personas participantes, estas acciones ayudan a tejer redes sociales reales, fortalecer la inclusión y construir comunidades más humanas, sensibles y cohesionadas.
Desde el CRPS queremos agradecer profundamente al Colectivo CAJE su acogida, su implicación y su manera de entender el trabajo comunitario. Seguiremos construyendo juntos espacios donde todas las personas puedan encontrar oportunidades para crecer, participar y sentirse valiosas.
Poder desempeñar un rol útil, sentirse necesario y formar parte activa de la comunidad tiene un enorme valor terapéutico y humano.