Hace ya un par de décadas pasé un tiempo de mi vida siendo monitor de tiempo libre con adolescentes. Es una etapa que recuerdo con cariño, en la que veía la oportunidad de influir en el desarrollo de futuros adultos y sentía la responsabilidad de prepararlos para vivir en comunidad, respetando y buscando el bienestar para todos.
Para alcanzar estos objetivos utilizaba multitud de herramientas, pero esta mañana me ha asaltado el recuerdo de una concreta. Se trataba de un juego sencillo diseñado para provocar el debate y la reflexión sobre las actitudes competitivas y colaborativas.
Este juego no era más que la adaptación del Dilema del Prisionero, ejemplo clásico de la Teoría de Juegos de John Nash. Creo que es una teoría bastante conocida por la mayoría de la gente, en gran medida por la película de “Una Mente Maravillosa”, pero voy a dar un pequeño rodeo por si alguien no sabe de qué hablo.
El matemático John Nash desarrolló la Teoría de Juegos durante la década de los 40. Esencialmente, describe cómo nos comportamos ante estructuras que tienen una posible recompensa (juegos) e identifica cuáles son los comportamientos más beneficiosos en términos matemáticos según las características de dicha estructura. Una de las ideas básicas que subyace a esta teoría tiene que ver con la efectividad de las estrategias de cooperación frente a las de competencia. En los juegos de suma igual a cero, es decir, aquellos en los que para que uno gane otro tiene que perder (una transacción económica o cualquier juego de mesa serían ejemplo de ello), la competencia es más eficaz que la cooperación. Por el contrario, en los juegos de suma distinta de cero, estos son aquellos en los que para que uno gane no necesariamente otro tiene que perder, las estrategias cooperativas aportan un resultado más valioso. (Hay infinidad de ejemplos de este tipo en nuestro día a día, desde la investigación científica hasta algo tan prosaico como un atasco).
Dicho así, sería lógico pensar que para decidir si debemos cooperar o competir tan solo es necesario saber en qué tipo de juego nos estamos relacionando. Por desgracia, las personas somos más complicadas (y a veces más idiotas) que todo esto. Volveré sobre esto más tarde.
Esta teoría, de inicio esencialmente matemática, se extendió con rapidez a otros ámbitos como la economía, la política, la sociología, la psicología, etcétera. Tal es su expansión e influencia que puede utilizarse para dar un marco explicativo para muchas de las interacciones entre dos o más personas. Y aquí vuelvo al comienzo de la historia. Como decía, el recuerdo de este juego me asaltó esta mañana, haciendo algo tan rutinario como ducharme. Y ahora, prestando un poco más de atención a ello, tengo claro por qué me llegó. No sé si se ha hecho ya, seguro que no soy ningún visionario, pero es evidente que la Teoría de Juegos tiene mucho que decir en la situación actual de confinamiento.
Nuestra sociedad y sus dinámicas están enmarcadas en juegos de suma distinta de cero. Podemos, y por suerte lo hacemos, generar un beneficio colectivo que en suma es mayor que los beneficios individuales obtenidos mediante la competencia directa. Prueba de ello son los Servicios Sociales en los que nos enmarcamos la inmensa mayoría de trabajadores de Grupo 5.
En la situación concreta de confinamiento por la que atravesamos, esto es aún más claro. Las medidas impuestas buscan un beneficio colectivo mayor que la suma de los perjuicios individuales que provocan. Que lo consigan o no es harina de otro costal, y seguramente el tiempo nos dará la respuesta.
Si ese es el marco, ¿qué comportamientos son los más adecuados para obtener resultados positivos?
Vemos cada día ejemplos de colaboración desinteresada que nos ayuda a sobrellevar la situación y nos da un poco de esperanza de que saldremos de ella cuanto antes. Personas ofreciendo su esfuerzo para ayudar a otros o simplemente mandando mensajes de ánimo a sus vecinos. Taxistas que trasladan a profesionales sanitarios para que puedan hacer visitas a domicilio o colectivos de personas desarrollando juntas el diseño de un respirador llenan las redes sociales y dan ejemplos de actitudes colaborativas.
Sin embargo, cada vez con más frecuencia, y seguro que derivado de la dureza del confinamiento, aparecen comentarios, artículos y posturas que abogan por soluciones individuales o para un colectivo concreto frente a otros. Todo el mundo cree tener la solución de lo que tendríamos que hacer como sociedad para poner fin a esta crisis. Los empresarios creen que la respuesta está en romper el confinamiento y favorecer el mercado, los padres quieren poder disponer de guarderías y colegios si tienen que volver al trabajo presencial, etc., etc. Todas estas son estrategias de competencia (mi solución tiene que ser la primera por encima de las demás para que mi problema, que es el más importante, se solucione).
Lo que la Teoría de Juegos predice en estas circunstancias es que la búsqueda de beneficios individuales, dando por hecho que los demás van a seguir manteniendo una actitud colaborativa, acaba en pérdidas para todos porque nadie mantiene la colaboración esperando que sean los demás los que lo hagan. Un ejemplo a mucha menor escala de esto lo vemos a diario en las noticias. El incumplimiento de los horarios de salidas o de las actividades permitidas llenan espacio en los medios de comunicación y lo vemos desde nuestras ventanas. Todos los que estamos en casa pensamos “si todos hiciéramos lo mismo, habría mucha más gente en la calle y los contagios aumentarían”, así que gritamos y recriminamos desde los balcones.
La probabilidad de que las respuestas de colaboración se mantengan y ofrezcan los beneficios que se esperan, dependen en gran medida de la expectativa que tengamos de que los demás seguirán las mismas estrategias. En el ejemplo clásico del Dilema del Prisionero, si ninguno de los dos prisioneros confiesa el delito, ambos tendrán una pena de 1 año, mientras que si alguno confiesa, este quedará libre y el otro cumplirá una condena de 10 años. Si fueras uno de esos prisioneros, tan solo mantendrías la boca cerrada en tanto en cuanto tuvieras la certeza de que el otro prisionero va a hacer lo mismo y no acabará incriminándote.
Ahora todos somos prisioneros de estas circunstancias y nuestra actitud colaborativa solo se mantendrá en la medida en la que confiemos en que los demás prisioneros harán lo mismo y no nos perjudicarán en pro de su beneficio individual. Por este motivo, ahora más que nunca, la conciencia del bien común frente a las necesidades individuales es de absoluta importancia.
Que grande eres querido Mario!!
Gracias por tu mirada colectiva.. por el sentido de humanidad compartida que desprende y sin duda, de reflejo de actuación a toda escala más allá del confinamiento. Gracias por recordad lo importante de esa globalidad, frente a lo urgente..como personas y como miembros de equipos transdisciplinares. Ojalá nos orgullezcamos del logro!
Teoría matemática que nuevamente se cumple… la ciencia es ciencia en cualquier situación y creo que no podría estar mejor explicado.
Mis felicitaciones por este gran artículo al autor y a Grupo5.
¡Enhorabuena Mario!
Un gran artículo que da que pensar en esta situación, con un ejemplo bastante gráfico.
La cooperación siempre la he concebido como uno de los mejores modelos de sociedades que junto a una responsabilidad social empresarial, siempre arroja un impacto positivo mayor que el esfuerzo individual.
Ya lo decía la ahora santa Teresa de Jesús «a veces pensamos que hacemos es como una pequeña gota en el mar, pero el mar no sería lo mismo sin esa gota».
Ahora bien, como todo, las cooperatovas tiene sus puntos débiles si no somos responsables. Generalmente, en una cooperativa los logros se los suman colectivamente y resaltan frente a las medallas individuales; sin embargo, los errores se diluyen también entre todos, manchando así la imagen de la empresa y frenando la positiva marcha, todo porque el reconocimiento individual de nuestros propios errores hace peligrar muestro puesto frente a los compañeros que están cooperando, y que no dudarán en unirse contra tí si ven que eres un freno, aunque ayer aplaudian contigo un logro que habiaís conseguido aparentemente más juntos que separados.
¿Quién ha echo eso tan postitivo? Todos se sienten participes de ello. ¿Quién ha echo eso tan negativo? El silencio cómplice colectivo llama la atención.
Enhorabuena por la entrada. Poner en relación el coronavirus y la teoría de juegos es una idea muy acertada y el razonamiento que haces es muy interesante. Yo no la había visto hasta ahora. Pero cuanto más lo pienso en el fondo no estoy de acuerdo con lo que creo que tratas de decir: aunque la teoría de juegos sería una forma posible de describir lo que está pasando (estamos ante un juego de suma no cero, dinámico, probablemente cooperativo, incierto, etc.), creo que no es una buena base para juzgar moralmente lo que está pasando como en el fondo haces. Fundamentalmente por dos razones. La primera es que no es una forma adecuada de analizar tomas de decisiones como la de saltarse o no el confinamiento. Como ha demostrado después de la teoría de juegos la «economía conductual», también con varios Premios Nobel a sus espaldas (Kahneman, Thaler), el ser humano no toma sus decisiones de manera fría y racional, analizando pros, contras, consecuencias positivas, negativas, etc. Al contrario, el ser humano es fundamentalmente irracional en su toma de decisiones, aunque predeciblemente irracional. La teoría de juegos no sirve para explicar muchos de sus comportamientos, y el caso del confinamiento es uno de ellos. Y el segundo motivo es que, aunque sirviera, estamos en una situación en la que no está clara tu premisa de que «las medidas impuestas buscan un beneficio colectivo mayor que la suma de los perjuicios individuales que provocan». Me temo que el objetivo de las medidas no es único, el múltiple, y una parte fundamental no es compartido entre quienes las imponen y quienes las acatan. Y no es obvio que la búsqueda del bien común esté en la parte de quienes las imponen y no en una parte de quienes las acatan. No estamos ante una lucha entre el beneficio egoísta individual y el bien común, en absoluto. Guardémonos de quienes dictan lo que es el bien común. Porque son ellos los que casi siempre acaban haciendo que nos sintamos un poco prisioneros. Y en el peor de los casos, como ocurre con la situación actual, acaban haciendo que ese sentimiento de sentirnos prisioneros, que recoges en el título de la entrada, no es más que un reflejo de la realidad. En cualquier caso reflexión muy refrescante para la discusión. Gracias por compartirla.
Gracias por la reflexión, Guillermo
El tema de los procesos de toma de decisión de las personas me ha apasionado desde que empecé a estudiar psicología. Profundizaré en la economía conductual, que es un campo que no conozco demasiado.
Estoy de acuerdo contigo en que los procesos de toma de decisiones son mucho menos racionales de lo que nos gusta creer. Muchas teorías apuntan a que la atribución racional tan solo es una justificación para nosotros mismos de lo que hemos hecho llevados por la emoción, las experiencias de aprendizaje pasadas, etc. Esto es lo que hace interesante la Teoría de Juegos en este caso, creo yo. Las decisiones son emocionales, y por supuesto que pueden justificarse, pero deja en evidencia con un análisis muy sencillo que la justificación racional cae por su propio peso en cuanto se valoran las consecuencias más allá del individuo. Evidentemente, el objetivo del post no es hacer un análisis pormenorizado de las conductas relacionadas con el confinamiento desde el marco de esta teoría, tan solo es la “excusa” para recordarnos que la justificación racional que nos hacemos a veces para nuestras decisiones no contemplan el beneficio común. El juicio moral de todo eso se lo dejo a cada uno.
La segunda parte de tu exposición es interesante, y me recuerda fuertemente a este artículo sobre el concepto de “norma perversa” http://www.psicothema.com/psicothema.asp?id=1131 . Es otra idea sobre la que se podría escribir largo y tendido en estos días, me parece. Quien impone la norma busca un beneficio, individual o grupal, claro. Quien la acata lo hace compartiendo esa visión de beneficio en ocasiones, o a veces simplemente evitando las consecuencias negativas de incumplirlas. El grupo para los que la norma es inasumible se escinde o genera comportamientos alternativos que esquivan la norma. La distancia social (tan usada en estos tiempos de manera errónea) aumenta entre quienes ponen la norma o la acatan y quienes no la comparten e intentan esquivarla. No creo que el problema de base resida en quienes definen lo que es el bien común, al fin y al cabo todos tenemos una definición propia de ello. Creo que el conflicto aparece cuando esa definición no concuerda con el sistema de valores, creencias y prioridades de uno mismo. Es en este momento en el que “nos hacen sentir prisioneros”.
Gracias «un peregrino más» por compartir tus comentarios. El mundo de las cooperativas es tan complejo como interesante. No se si se ha profundizado en este modelo empresarial desde la perspectiva de la Teoría de Juegos, lo investigaré.
Un saludo
Gracias Ana y Gemma por vuestras palabras, son una gran motivación.
besos
Hola!!, me encanta tu forma de realizar el contenido, el mundo necesita mas gente como tu