En el Centro de Día de Soporte Social Espartales Sur, en Alcalá de Henares, creemos que la participación en la comunidad es una parte fundamental del bienestar y la recuperación en salud mental. Sentirse parte de un barrio, crear vínculos y poder aportar algo a las personas que nos rodean son aspectos que dan sentido, fortalecen la autoestima y ayudan a construir una vida más conectada y participativa.
Por eso, varias personas que atendemos en el centro participan activamente en diferentes acciones de voluntariado del entorno, convirtiéndose no solo en receptoras de apoyo, sino también en personas que ofrecen tiempo, ayuda y compañía a otras.
Una de estas experiencias se desarrolla junto a Cáritas, en la Parroquia Santo Tomás de Villanueva de Alcalá de Henares, colaborando en la preparación y organización de los repartos mensuales de alimentos para personas con pocos recursos. Además de la labor realizada, esta actividad ha permitido crear relaciones cercanas con el resto del equipo de voluntariado, compartiendo también comidas y otros momentos de convivencia que refuerzan el sentimiento de pertenencia al grupo.
Otra de las acciones se realiza dentro del programa de soledad no deseada del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, donde las personas voluntarias acompañan semanalmente a personas del programa para pasear, tomar algo o simplemente compartir tiempo y conversación.
A veces, pequeños gestos como escuchar, acompañar o estar presentes pueden tener un gran valor para ambas personas.
Estas experiencias reflejan cómo el voluntariado beneficia tanto a quienes reciben el apoyo como a quienes lo realizan. Participar activamente en la comunidad, sentirse útil y construir relaciones significativas favorece una salud mental más inclusiva, comunitaria y humana.
¿Y en el equipo de profesionales que les atiende, que queda de estas acciones en nosotros?
Lo que suele aparecer en las fases previas a estas incorporaciones en el ámbito comunitario, son grandes dosis de esperanza puestas al servicio del cambio: la convicción de que las transformaciones son posibles. Sin embargo, también está presente la conciencia de que, sin los apoyos adecuados, esos cambios difícilmente llegan a consolidarse.
Por ello, este proceso implica un acompañamiento sostenido: alentar, visibilizar posibilidades, facilitar el acceso a espacios inclusivos y, en ocasiones, poner el acento en sus competencias dentro de dichos contextos, para que la sombra del estigma no limite lo que sí es posible.
Se trata, en definitiva, de estar disponibles desde una presencia activa.

