El pasado 8 de octubre tuvimos el inmenso privilegio de participar en un acto muy especial con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. El Museo Nacional de Antropología se convirtió en un espacio de escucha, expresión y debate sobre arte, salud mental y experiencia vital.

Durante el evento se dio voz a Virginia y Manuel, dos artistas con trayectorias vitales profundamente marcadas por la salud mental, quienes compartieron con nosotros su mirada sobre la vida, el sufrimiento, la creación y la resiliencia. A través de sus testimonios, pudimos comprender cómo el arte no solo les sirvió como medio de expresión, sino también como herramienta de rehabilitación e inclusión.

Manuel comenzó a escribir poesía en su adolescencia, aunque pronto se vio arrastrado por la presión social hacia una carrera “más segura”: la ingeniería. Nos narraba cómo tal pasión por las artes se convirtió en un arma de doble filo, al ligarse estrechamente con ideas sobrevaloradas de grandeza y precipitándole a la psicosis. En este punto encontró en su vieja amiga la poesía un medio de expresión, de “conexión en aquellos momentos en los que estaba solo con mis fantasmas en mi habitación”. Ese reencuentro con las palabras lo llevó a publicar varios libros de poesía y a narrar sus memorias en prosa, logrando un equilibrio entre creación y bienestar.

Virginia, por su parte, compartió una vivencia distinta pero igualmente reveladora. Una fuerte depresión generó una ruptura en su narrativa vital impidiéndole finalizar sus estudios de derecho. Con el apoyo de sus padres, encontró en la pintura una forma de reconstrucción: “En aquella época, a las personas con problemas de salud mental no se nos permitía trabajar. Pero nadie nos desprestigiaba por hacer arte. Además, era una forma de romper el aislamiento, de volver a conectar”. Virginia no solo encontró una ocupación, sino una verdadera identidad: “Me negaba a que se me considerara solo una enferma mental. Pintar era lo único que de verdad sentía que se me daba bien”.

Hoy, su obra y su mensaje inspiran a otras generaciones, demostrando que el talento no tiene edad ni barreras, y que el arte puede ser un vehículo de dignidad, comunidad y libertad.

Virginia y Manuel son mucho más que artistas: son ejemplos de fortaleza, de expresión auténtica, de lucha contra el estigma y de cómo, incluso después de las rupturas más profundas, se puede construir una vida con sentido. En palabras del equipo de Puerta de Hierro:

“Gracias a personas como vosotros, la juventud con problemas de salud mental tiene el camino más allanado”.

Desde aquí, queremos agradecer profundamente al Museo Nacional de Antropología, a la Cátedra UCM-Grupo 5 Contra el Estigma de la Universidad Complutense de Madrid, y a todas las personas e instituciones que hacen posibles espacios como este, donde las voces suelen ser silenciadas pero aquí se escuchan con fuerza.

Gracias también a quienes miran sin prejuicio, a quienes escuchan con el corazón abierto. Entre todas y todos, estamos impulsando el cambio.

Desde la Residencia GRUPO 5 Puerta de Hierro. La salud mental más allá de los 65 años.