Pudiera parecer que estas reflexiones llegan tarde, que llegan pasadas tres olas y por ello tuvieran que permanecer arrinconadas en el olvido… me resisto.

Se gestaron en el principio de la desescalada, allá por junio del año en el que se transformó todo y tuvimos que adaptarnos a ello, cuando aún no dábamos crédito a lo que nos estaba sucediendo.

Aquí están, aquí emergen de nuevo, en el momento presente en el que toca hacer balance del año 2020 y se mezclan con el maremágnum de datos que lleva asociado este pararnos a pensar la realidad que se esconde detrás de los números. La realidad de una gestión que inexorablemente tiene como protagonistas a personas con muchos años a sus espaldas viviendo en una realidad transformada… no por la pandemia pero sí, por una lotería, más azarosa aún si cabe, en la que nunca invirtieron en comprar ese número que establecía que, a partir de ese momento, la vida, SU VIDA, ya no sería la misma.

Llegado este punto, me permito un atrevimiento, frente a ti: año capicúa, sí… . El atrevimiento que lleva la osadía de querer mirar de frente al año que se fue para decirle todo aquello que no se pudo y ahora sí, llegando en forma de los aprendizajes extraídos durante el confinamiento:

  1. HEMOS APRENDIDO QUE somos capaces de manejar nuevas herramientas independientemente de nuestra edad y de nuestro desconocimiento.
  2. HEMOS REFORZADO la confianza en la capacidad humana de asumir responsabilidades y poner en marcha recursos y competencias propios a pesar de las circunstancias.
  3. HEMOS VALORADO la importancia de la presencialidad y que las pantallas ayudan pero no es lo mismo.
  4. TENEMOS LA IMPRESIÓN que las personas que atendemos son mucho más FUERTES Y AUTÓNOMAS de lo que creemos y nosotros a veces más débiles de lo que también creemos.
  5. HEMOS APRENDIDO que cuando el contexto cambia, la conducta “patológica” puede ser la más adaptativa. Ejemplos tenemos: personas acostumbradas al aislamiento social, al lavado de manos compulsivo, a la acumulación de alimentos por pensamientos catastrofistas…
  6. HEMOS OBSERVADO que cuando incorporamos apoyos procedentes de redes no profesionales:
    • Las personas pueden llegar a compartir su problema de salud mental desde la naturalidad y sin el miedo a ser juzgadas y estigmatizadas, cuando la relación empieza a ser percibida como confiable.
  7. HEMOS EXPERIMENTADO que el valor de Grupo 5 más difícil de mantener en este tiempo ha sido el ENTUSIASMO.
  8. HEMOS APRENDIDO que creer que lo que hacíamos ayuda y era importante para el otro, nos ayudaba como equipo.
  9. NOS HEMOS DADO CUENTA (más aún) que pudimos establecer relaciones de ayuda y de sosiego de almas y entre todos nos SOSEGAMOS.

Con la desescalada y la reapertura de los centros, VOLVIMOS SIN HABERNOS IDO y en las sucesivas olas, seguimos ESTANDO.

Agradecimiento a mis equipos que fueron partícipes en el tejido de esta nueva realidad que nos ha ido acompañando y continua presente…

Este tiempo recordó cuán importante son las cosas que importan.

¡Ojalá que no lo olvidemos!