Puede que la receta del gazpacho sea uno de los mejores ejemplos de lo que ahora llamamos “cocina de proximidad” y también del aprovechamiento, de ese pensamiento tan arraigado, (por diferentes motivos que irían desde el respeto a los alimentos hasta el recuerdo de tiempos, no tan lejanos, de escasez) del “la comida no se tira”.
En el gazpacho se mezclan, se trituran o se majan lo que nos da el huerto en ese momento (tomates, pepinos, pimiento, ajos, cebollas) y el pan duro de los últimos días, para convertirlo en una de las bases de nuestra dieta del verano y casi, casi, uno de nuestros emblemas más conocidos
El gazpacho nos conecta además con lo cercano, con el cuidado de la tierra, con la observación paciente de ver cómo crecen tomates, pimientos, o pepinos, nos hace preocuparnos, de manera activa por lo externo, por el otro (aunque en este caso el otro sea vegetal)
Puede que por eso siempre he creído que los huertos eran necesarios en los espacios residenciales, en los lugares en los que, a veces, lo que sobra es tiempo y el tedio que nos lleva hacia el interior, hacia cualquier cambio nuevo.
El huerto, la huerta, como prefiramos nombrarlo fomenta la colaboración, la planificación, el diálogo e incluso el sacrificio, nos proyecta en el otro, nos ayuda a parar el pensamiento, detenido en la tarea rutinaria y silente del riego diario o el arado de mantenimiento.
Y además se extiende, y de la cosecha de los frutos, mucho más queridos cuando conllevan trabajo detrás, se fortalecen otras actividades, resurgen los talleres de cocina en los que disfrutar lo recogido, no solo al comerlo sino al compartirlo con aquellos que tienes cerca, y de la preocupación por mejorar el cuidado de las próximas cosechas sale la idea de compostar pieles y desechos de las propias verduras y quizás unir los posos del café de los que nadie se había acordado hasta ese momento para mejorar el sustrato. Y reducimos desechos y ayudamos a la bajada de la huella de carbono y mejoramos la convivencia y al final el cuidado de lo externo redunda en la mejora de muchas cosas a nuestro alrededor y todo eso regresa, rebrota y se hace circular.
¿Podríamos hablar entonces de alimentación (y vida) saludable?
Excelente articulo. De verdad, me ha encantado. Da suficiente materia para reflexionar en estos tiempos que corren. Mil gracias por compartir.