La semana pasada me metía en las diferentes redes sociales que uso para hacer una actualización rápida. Nada más abrir una de esas páginas me topé con una publicación muy interesante: Las Ovejas Negras. Y aunque leyendo la biografía del autor, Bert Hellinger, hubo varios pensamientos con los que me enfrentaba, me pareció sublime cómo definía a las personas diferentes, u ovejas negras:

Las llamadas ‘Ovejas Negras’ de la familia son, en realidad, buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico. Aquellos miembros del árbol que no se adaptan a las normas o tradiciones del Sistema Familiar, aquellos que desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general, son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras.

Las ‘Ovejas Negras’, las que no se adaptan, las que gritan rebeldía, reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama… Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros se manifiestan en su rebeldía buscando realizarse.
El árbol genealógico, por inercia, querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su tronco, lo cual hace de su tarea una labor difícil y conflictiva…
Que nadie te haga dudar, cuida tu ‘rareza’ como la flor más preciada de tu árbol. Eres el sueño realizado de todos tus ancestros.

 

Gracias a esas “ovejas negras” nos salimos del trazo estipulado creando obras originales. Sin estas personas, seríamos todos tan iguales que pareceríamos sacados de una adaptación de un capítulo de la novela “1984” de George Orwell; todos cortados por el mismo patrón.

Gracias a esas ovejas negras hablamos de diversidad. Y gracias a esta, no nos queda otra que aprender a respetar. El respeto a la diversidad implica compresión, y conlleva ver más allá, asumir que somos diferentes, que tenemos diferentes capacidades, vivencias, comportamientos y necesidades. ¿Cuál debería ser el siguiente paso? Tachar la necesidad de que la palabra diversidad se acompañe del término respeto. La diversidad debería poder comprenderse por sí misma. Tendría que ser una condición más en las personas. Diversidad “a secas”. Simplemente tiene (tendría) que ser.

Precisamente porque hay diversidad de opiniones, de emociones, de creencias, de identidades, de físicos, el reto de la ciudadanía debería ser conectar el término diversidad con las palabras libertad e igualdad. Y en este proceso deberíamos recordar el camino recorrido por las “ovejas negras”.