El año pasado la violencia de género se cobró 47 muertes. Y en tan solo las dos primeras semanas de 2019, la cifra ya sumaba 8 mujeres más. Pero, además, si nos adentramos en el Instituto Nacional de Estadística, los datos publicados en 2018 revelan 29.008 mujeres víctimas de violencia de género en 2017.

Son muchas las soluciones que se intentan dar para detener esta lacra, sin embargo, hoy en día, no podemos decir que estas soluciones sean suficientes. Los datos no se frenan. Es por ello que en numerosas plataformas cívicas y de reforma social se comienza a hacer una petición: que las mujeres que han sido víctimas de violencia machista puedan ir acompañadas por perros de protección, entrenados para protegerlas del acercamiento de agresores. Una propuesta que suma para la prevención y acompañamiento a estas mujeres.

El Proyecto Escan nace precisamente del contacto de varias mujeres que buscaban ayuda ante la situación de violencia. Varios adiestradores comenzaron a trabajar en el adiestramiento de estos perros, que acompañan a la mujer desarrollando una terapia de recuperación psicológica, aumentando su autoestima, mejorando su ánimo y sintiéndose seguras.

El proyecto Escan consigue un vínculo mujer-perro incapaz de romperse con el fin de recuperar el control de su vida. Enrique Cruz, coordinador del Proyecto, nos cuenta en qué consiste.

¿Cómo comienza este proyecto? ¿En qué momento lo veis necesario?

Comienza en 2004 de forma local y a pequeña escala en un centro de adiestramiento, Solcan, en San Javier, Murcia. Varias mujeres contactaron buscando ayuda para sus situaciones de violencia y entre un grupo de adiestradores pensaron cómo ayudarlas.

¿En qué consiste? ¿Cómo trabajáis?

Es un proyecto de recuperación integral para mujeres víctimas de violencia de género. A través del acompañamiento de perros adiestrados, desarrollamos una terapia de recuperación psicológica, anímica, social, redes de amigos… Y lo complementamos con inserción laboral, actividades de sensibilización en centros escolares y un plan de voluntariado. Desarrollamos la terapia, la formación de las usuarias y el adiestramiento de los perros y las asesoramos y acompañamos en el desarrollo de otras actividades complementarias.

¿Cuántas mujeres solicitan este servicio?

No es un proyecto para todas las mujeres, requiere que sean víctimas de violencia reconocidas institucionalmente: sentencias, medidas judiciales o reconocimiento por Servicios Sociales para poder solicitarlo.

¿Cuándo suelen pedir esos servicios?

Es variable, no hay un momento determinado; habitualmente cuando lo conocen solicitan información, el gran problema es el desconocimiento de que existe este proyecto por parte de las usuarias y nuestra limitada (de momento) implantación geográfica.

¿Cuál es el proceso para tener un perro de protección?

Son perros de terapia de recuperación, no son perros de protección. La protección es responsabilidad del Estado y es el Estado el que tiene la capacidad legal y los medios para desarrollarla. Las usuarias contactan con nuestra asociación, y si cumplen los requisitos legales, psicológicos y cinológicos (han de tener tiempo y voluntad para cuidar del perro) lo ponemos en marcha.

¿Qué se trabaja con el perro?

Primero la socialización, es fundamental que estén preparados para acompañar a la usuaria en diferentes situaciones, por lo que han de ser perros muy estables. Tras la socialización, lo más importante es el desarrollo del vínculo con las usuarias (y el núcleo familiar). A partir del desarrollo de ese vínculo se trabaja el adiestramiento, que en ningún caso es en defensa o ataque.

¿Y con la mujer?

Inicialmente el aspecto psicológico. Después se las forma en cuidados higiénicos, legal, manejo, etcétera…

Asimismo, ¿se trabaja un vínculo conjunto?

Ese vínculo es la clave de todo el proceso terapéutico. Sin este vínculo simplemente tendría un perro adiestrado.

¿Cómo es el proceso de confiar en vosotros y en un perro preparado para atacar ante el peligro?

Son las propias usuarias,a través de los grupos de apoyo que comparten, las que nos facilitan el desarrollo de la confianza. Son a la vez usuarias, voluntarias y consejeras de las nuevas compañeras, lo cual facilita enormemente nuestro trabajo. Los perros están preparados para defender a la usuaria por su propia naturaleza, no potenciamos su agresividad, es el sentimiento natural de “manada” el que actúa.

¿Cómo acompañáis en el proceso a los perros y a las mujeres? ¿Y cuánto dura ese proceso de entrenamiento y de trabajar el vínculo?

Terapia, clases semanales de adiestramiento para evaluar progresos, grupos de apoyo continuos, colaboración de las usuarias en el desarrollo del proyecto… Organizan actividades y nos apoyan. Hemos creado una “gran familia” en las cuales unas se apoyan a otras. La terapia les ayuda, pero sobre todo, somos la herramienta que permite que unas apoyen a otras. El objetivo final busca su recuperación, el adiestramiento de los perros es accesorio. El adiestramiento suele durar 6 meses, con clases semanales, pero hay diferentes ritmos. La terapia es, al menos, de un año.

¿Qué tienen de especial los perros?

Cualquier persona que tiene una mascota podría contestar a esa pregunta. Aquí además de esos sentimientos positivos entran en juego factores como el miedo, aislamiento, autoestima, depresión, dependencia emocional y un largo etcétera de circunstancias específicas de las víctimas de violencia, que determinan que la presencia de los perros sea fundamental para su mejora.

¿Cómo cambia la vida de las mujeres?

Es un giro radical, recupera la confianza y el control de su vida. Se genera una ilusión que les permite afrontar las situaciones vitales con normalidad en gran medida. Nunca hay que perder de vista cuál es su situación.

Por ejemplo, ¿Cómo consigue un perro de protección, hacer frente a un incumplimiento de la orden de alejamiento?

Los perros reaccionan ante agresiones físicas hacia la usuaria por parte de cualquier persona. No diferencian si es un agresor con orden de alejamiento u otra persona. La usuaria no tiene capacidad de activar al perro, no son reactivos a órdenes. Nuestro principal objetivo en ese aspecto es empoderar a la mujer para capacitar su reacción en esa situación, que no se bloquee y sepa cómo actuar.

¿Cómo veis reflejado esa ayuda en la usuaria? ¿Qué es lo que percibís físicamente?

Alegría, ilusión, ganas de seguir con su vida, fuerzas para levantarse y continuar con sus vidas, desarrollo de iniciativas … Es innumerable.

¿Y cómo creéis que ayuda en eso que no se percibe a primera vista?

Ellas dicen a menudo que los perros son su “alma”.

Por lo tanto, ¿creéis qué es una de las mejores terapias que existen actualmente para las mujeres maltratadas?

Eso no me atrevo a decirlo, pero esta terapia funciona muy bien.

Y pensándolo bien, ¿qué os provoca -u os remueve- tener que dar este servicio?

Es muy gratificante ver cómo podemos aportar nuestro granito para recuperar las vidas que están deshechas.

¿Trabajáis conjuntamente con otras entidades, equipos de salud, o cuerpos de seguridad?

Siempre desarrollamos el proyecto con entidades que estén a cargo del apoyo y asistencia a las víctimas. Es un requisito para ponerlo en marcha, es gratuito para las usuarias y no lo hacemos de forma privada.