La primera persona que hizo alusión al concepto de misofonía fue el neurólogo estadounidense Dr. Pawel Jastreboff* en la primera década de 2000, conocido por su trabajo en el campo de los trastornos relacionados con la sensibilidad a ciertos sonidos y por haber acuñado el término “misofonía” para describir esta condición.
No hay una cifra exacta sobre cuántas personas padecen misofonía en España en la actualidad, sin embargo, algunos estudios internacionales sugieren que la misofonía puede afectar aproximadamente entre el 7% y el 15% de la población en general.
Las personas con misofonía son sensibles a ciertos sonidos, y la mayoría de las veces les molestan desde la infancia. Estos sonidos tienden a ser ruidos triviales producidos por otras personas, pueden incluir:
- Mascar chicle
- Masticar o triturar alimentos
- Rechinar en el plato con los cubiertos
- Hacer clic con el lápiz
- Chasquido de labios
- Golpeteo con los dedos o las uñas, etc.
La misofonía no solo se refiere a ruidos causados por otras personas, sino también puede incluir otros tipos de sonidos, como el ruido de teclas, el zumbido de un aparato, el roce de la ropa, o sonidos ambientales, el tráfico, la suma de voces en centros comerciales, gritos. Cada persona puede tener diferentes desencadenantes, pero en general, la misofonía abarca una variedad de ruidos que generan esa sensación de molestia.
Voy a explicarlo en primera persona, cuando encontré este concepto me sentí identificada, a la par que dejé de verme como «la rara, la que no aguanta un pelo…» frases que a lo largo de mi vida he ido escuchando aquí y allá, que te acostumbras a oír y acabas creyendo que es así, que eres rara. Entonces descubres que les pasa a otras muchas personas, y que a lo largo de los años las personas que tenemos esta sensibilidad ante determinados ruidos, hemos aprendido a callar para no ser etiquetadas, somos artistas de la evitación evitamos exponernos a determinadas situaciones, comidas familiares, reuniones, compartir el momento de comer en el trabajo con otras personas, etc., si la situación empieza a causar sufrimiento, y dolor interno, simplemente nos vamos, huimos.
Por ejemplo, escuchar a alguien masticar o triturar alimentos puede hacer que me sienta irritada, ansiosa e incluso enojada. Si los ruidos están presentes no puedo concentrarme ni estar en paz, la ansiedad y la frustración aumentan, y en ocasiones, me siento atrapada en un ciclo donde el sonido se vuelve insoportable y tengo que escapar de esa incomodidad.
La misofonía no es solo una sensibilidad exagerada a ciertos sonidos; para mí, es una fuente constante de angustia y malestar que afecta a mi vida diaria. No se trata simplemente de que no me guste escuchar ciertos ruidos, sino que esos sonidos desencadenan una reacción emocional intensa y, a veces, abrumadora. Sonidos que para otras personas puede ser un sonido que pasa desapercibido, en mi caso puede generar una sensación de incomodidad profunda que pueden activar una respuesta emocional muy fuerte en mí, además de generar sufrimiento interno.
Vivir con misofonía significa aprender a manejar estas reacciones y, en la medida de lo posible, evitar situaciones donde estos sonidos puedan aparecer. Pero también implica entender que no es solo una sensibilidad, sino una condición que causa un impacto real en el bienestar emocional y la calidad de vida de las personas, por esto creo que es importante compartir esta información, para concienciar a las personas con las que convivimos a lo largo del día, si podemos hacer la vida un poco más fácil a los demás, es el beneficio que todas y todos obtendremos.
*Si quieres conocer más puedes consultar las siguientes referencias
«Tinnitus Retraining Therapy (TRT): A Method for Managing Tinnitus and Hyperacusis»
Este artículo explica la terapia de reentrenamiento del tinnitus, que también se aplica para tratar la hiperacusia y la sensibilidad auditiva. Es fundamental para entender cómo se puede abordar la sensibilidad auditiva desde una perspectiva terapéutica.
«The Neurophysiological Model of Tinnitus»
En este trabajo, Jastreboff desarrolla un modelo neurofisiológico que ayuda a comprender cómo los sonidos pueden generar respuestas emocionales y físicas, relevante para la comprensión de la misofonía y la hiperacusia.
Yo también padezco de misofonia,en mi caso ruidos repetitivos, zumbidos, sirenas, algaradas en reuniones y un largo etcétera. Es muy difícil a veces. Ánimo.
Muy interesante, no conocía este fenómeno!!
muy interesante, sabía que había personas que lo padecen pero no conocía el nombre.