Los museos como agentes democratizadores: diversidad e inclusión

Por Paloma Muñoz-Campos García - Jefa de Conservación y Coordinadora de Responsabilidad Social del Museo Nacional de Artes Decorativas
23 mayo 2019

Podemos ver largas colas a las puertas de las exposiciones… ¿Se han democratizado los museos? En parte, sí. Es evidente que hoy en día acude mucha más gente que antes a visitarlos. La variedad de la oferta y la popularidad de las exposiciones temporales han contribuido a que se constituya como un plan de ocio cada vez más habitual. Pero ¿eso significa que hemos hecho del museo un lugar más accesible? ¿Son los museos espacios abiertos a todos? ¿Se han democratizado sus contenidos? ¿O se han democratizado solo los espacios museísticos?

Estas preguntas no tienen respuestas unívocas. A la vez que preservan sus misiones principales (recolección, conservación, comunicación, investigación, exposición), los museos están transformando sus prácticas para acercarse a las comunidades a las que sirven. Hoy buscamos formas innovadoras de abordar problemas sociales y conflictos contemporáneos.

La democratización cultural implica también la transparencia en el gasto de los recursos públicos y la probada inclusión social. Y para conocer con certeza el impacto que produce la cultura debe llevar aparejada la evaluación continua de los productos culturales.
El pasado mes de abril se celebró en Madrid el Congreso Internacional “MUSACCES. El Museo para todas las personas. Arte, accesibilidad e inclusión social”, donde se expusieron muchas experiencias enriquecedoras, ejemplos de lo que debe ser un museo inclusivo. Pero también se puso de manifiesto el camino que nos queda por recorrer para derribar todas las barreras, especialmente los muros invisibles que dificultan el acceso emocional: las barreras intelectuales y conceptuales, el halo de la alta cultura.

El arte y la creación son herramientas muy poderosas para alimentar el alma y para curarla cuando está herida. No digo nada nuevo al afirmar que la cultura es un vehículo de comunicación muy rico para transmitir mensajes de solidaridad, de comprensión de otras realidades distintas a las nuestras. Pero tenemos que recordarnos cada día que todos hemos de tener acceso a disfrutar de sus beneficios.

Los museos y, especialmente los museos públicos, tenemos la responsabilidad de poner al servicio de todos aquello que se nos ha dejado en custodia, siendo conscientes de que no todas las personas pueden transitar por las mismas vías de acceso, físicas, conceptuales o emocionales. Nuestra obligación es facilitar ese acceso, pero la comunicación no funciona si no está anclada en la voluntad y la sensibilidad.

El Museo Nacional de Artes Decorativas (Madrid) empezó hace unos años a reflexionar públicamente sobre la importancia de mejorar la accesibilidad a todos los públicos. Las dificultades de adaptación del edificio para hacerlo totalmente accesible a personas con dificultades motrices y la certeza de que las barreras físicas hace ya tiempo que empezaron a derribarse en muchos museos, nos hicieron centrarnos en otra línea. Empezamos a abrir puertas para diluir las barreras emocionales y conceptuales o intelectuales y prestar especial atención a la diversidad de capacidades.

Nos propusimos generar espacios de acción e intervención que fueran más allá de los sistemas tradicionales de ocio y bienestar. Queríamos establecer el museo como una plataforma de inclusión y transformación social. Para ello, decidimos ofrecer nuestros espacios como altavoz para transmitir mensajes de solidaridad y sensibilización sobre realidades poco visibles y a menudo fuertemente estigmatizadas. Poco a poco fue creciendo la semilla de los frutos compartidos con los que construimos el museo cada día. Compartimos espacios, colecciones y tiempo con personas con distintas capacidades intelectuales, emocionales y sociales, muchas de las cuales nunca se habían sentido invitadas a entrar. Y nos consta que el impacto es positivo, que vamos mejorando entre todos la calidad de vida de muchas personas. Os cuento algunos ejemplos:

  • Diseño contra la pobreza fue un proyecto ambicioso desarrollado a lo largo de los años 2009 y 2010 con personas sin hogar. Culminó en una exposición que mostraba propuestas para el diseño de soluciones habitacionales para los hogares de transición, en los que habitan muchas personas que salen de la calle antes de integrarse en una vida normalizada.
  • Durante los años 2012, 2013 y 2014 se extendió el proyecto Enganchados al arte, realizado en colaboración con el Centro Abierto Casa de Campo de Cruz Roja, que atiende a personas drogodependientes en proceso de rehabilitación.
  • Hoy sigue vivo el proyecto La Frontera de lo desconocido. Arte y salud mental, que empezó en 2015 con la colaboración del Centro de Rehabilitación Psicosocial Las Rozas (Comunidad de Madrid y Grupo 5). Su objetivo principal es combatir los estereotipos y las falsas creencias que tiene la sociedad acerca de la enfermedad mental, visibilizando las capacidades y habilidades propias de cada persona, apoyando así el proceso de recuperación y convivencia con la enfermedad.
  • La colaboración con la Asociación Argadini empezó en 2015, acogiendo alumnos en prácticas del Título de Auxiliar de Cultura que otorga esta entidad. Hoy seguimos recibiendo alumnos y está siendo una experiencia muy enriquecedora para el museo, no acostumbrado a ver circular por sus espacios a personas no neurotípicas.

Queremos servir de inspiración para avanzar hacia el cambio social a través de la cultura. Es un trabajo en equipo que traza un camino bidireccional. Damos y recibimos.

Paloma Muñoz-Campos García
Jefa de Conservación y Coordinadora de Responsabilidad Social del Museo Nacional de Artes Decorativas

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