La soledad no solo causa tristeza o aislamiento emocional; también puede afectar el cerebro. Diversos estudios muestran que las personas mayores que se sienten solas tienen más riesgo de desarrollar Alzheimer o de que sus síntomas empeoren.
La soledad ocurre cuando una persona siente que no tiene suficientes relaciones o apoyo social. Este sentimiento prolongado puede causar estrés, inflamación y otros cambios en el cuerpo que dañan las neuronas. Las investigaciones indican que los adultos mayores que viven solos o tienen poco contacto social presentan un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Hablar, compartir y mantener vínculos ayuda a que el cerebro se mantenga activo y en forma.
En quienes ya padecen Alzheimer, la soledad empeora los síntomas: aumenta la confusión, la depresión y la ansiedad. Además, la falta de compañía puede hacer que los pacientes se desorienten más fácilmente y que sigan peor los tratamientos. El apoyo social, en cambio, mejora el estado de ánimo, estimula la memoria y ayuda a frenar la pérdida de capacidades.
Cómo prevenir y ayudar
Participar en actividades sociales, hacer voluntariado, asistir a grupos o simplemente mantener contacto frecuente con familiares y amigos puede reducir el impacto de la soledad. También las nuevas tecnologías, como las videollamadas, permiten mantener el contacto cuando no es posible reunirse en persona. En este sentido, creo que hemos aprendido de la pandemia y debemos adaptarnos a los tiempos.
La soledad influye directamente en la salud del cerebro. No se trata solo de un problema emocional, sino también de un factor de riesgo para enfermedades como el Alzheimer. Fomentar la convivencia, el acompañamiento y la comunicación es una forma efectiva de cuidar la mente y mejorar la calidad de vida de las personas.
Los nuevos programas de intervención del Centro de Referencia Estatal de Alzheimer del Imserso ponen en relieve la variable soledad, en su visión holística de la persona.


