El 25 de abril es el Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil. Una ocasión para tomar conciencia de esta situación y de las consecuencias que tiene en la infancia.

Se entiende por maltrato todo lo que vulnera el crecimiento e integridad física y emocional de un niño y una niña. El maltrato, la agresión, la humillación, el abandono, crean huellas en el cerebro de los niños, niñas y adolescentes que difícilmente van a olvidar jamás. Los traumas en la infancia determinan el adecuado crecimiento emocional.
Por eso, cuando esto ocurre, es necesario contar y ofrecer recursos, apoyos y entornos seguros que ayuden a estos niños y niñas a reconstruir sus heridas.

El maltrato se produce en todos los contextos, ocurre en sus casas, en sus escuelas, en las instituciones, en sus comunidades y en medio de una emergencia, por lo que es un compromiso de la ciudadanía estar atentos y receptivos a lo que pasa a nuestro alrededor. La detección, la denuncia, la prevención del maltrato es cosa de todas y todos, es una responsabilidad social.

La Convención de los Derechos de la Infancia, cuyo tratado fue aprobado en 1989 y ratificado por diferentes países, entre ellos España, supuso un avance importante en el reconocimiento de los niños y niñas como sujetos de derecho, planteando el abordaje de los diferentes aspectos que afectan a su desarrollo como una cuestión pública y no privada, y con el objetivo último de garantizar el buen trato. Pero todavía quedan muchas cosas por hacer, y en el caso del maltrato hay que conseguir que se hable, se escriba, se comente esta realidad para que deje de ser oculta. Hay que romper el silencio.

 

“No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que trata a sus niños y niñas”

 

En estos últimos años, y para recoger todas aquellas acciones u omisiones que afectan al desarrollo de los niños y niñas, se recurre al concepto más amplio de violencia, incluyendo la explotación y el abuso; la trata y el tráfico; las prácticas culturales dañinas como la mutilación o el matrimonio infantil; el castigo físico y psicológico y el reclutamiento en grupos armados. Las niñas, niños y adolescentes son los más vulnerables frente a esta violencia. El miedo, la indefensión y el desconocimiento de mecanismos y formas para denunciar estas situaciones hacen que sigan dándose cifras alarmantes de casos de violencia hacia la infancia.

Según un informe de Save the Children, los menores de edad son, en muchas ocasiones, víctimas de delitos más graves y más violentos que los adultos, aquellos que producen mayor daño psíquico y físico, y que deben exigir una actuación preferente por parte de las administraciones para su prevención y erradicación. Los porcentajes son mayores en dos grupos delictivos: los delitos contra la libertad y la indemnidad sexual (47,63%) y relaciones familiares (17,45%).

Así se hace necesaria una estrategia integral frente a todas las formas de violencia contra la infancia, con medidas de protección específicas que cuenten con presupuesto y que tenga como eje vertebrador una Ley Orgánica. En España en este momento está pendiente de aprobación la Ley Orgánica para la Protección Integral a la Infancia y Adolescencia frente a la Violencia, que supondría un avance a la hora de garantizar sus derechos y reforzar los sistemas de protección. Esperamos y deseamos que su aprobación se haga realidad.

En este contexto, y desde el compromiso con la infancia, trabajan diferentes profesionales y equipos a los que no queremos dejar de mencionar, ya que su labor es fundamental para apoyar, visibilizar, acompañar, escuchar a la infancia y sus familias en situaciones de especial vulnerabilidad: son los equipos de los Centros de Atención a la Infancia 7, 8 y 12; el Programa de Atención a la Infancia en el Entorno Familiar y el Servicio de Educación Social; recursos que gestiona Grupo 5 para el Ayuntamiento de Madrid, y que forman parte de una red más amplia, tan necesaria para dar respuesta a una realidad compleja.