Quiero empezar diciendo que el suicidio es un tema del que debemos hablar, tanto en nuestros entornos personales como en los profesionales. Debemos romper con el tabú y estigma que rodea al suicidio. Es urgente la prevención, la educación y la sensibilización sobre este problema de salud pública. Ahora lo vais a entender.
Los últimos datos que se tienen en relación al suicidio son del 2020. En este año en España fueron 3.941 personas las que fallecieron por esta causa (2.930 hombres, 1011 mujeres).
Estadísticamente son (datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio):
- 11 personas al día
- 1 persona cada 2 horas y cuarto
- 1 suicidio por 2,7 accidentes de tráfico, por 14 homicidios, por 85 fallecimientos por violencia de género
- Es la primera causa de muerte no natural entre los jóvenes de 14 a 29 años
- La mayor proporción de suicidios ocurre entre los adultos de 40 años y 59 años
Además, hay que sumar el hecho de que al año en España se dan alrededor de 70.000 intentos de suicidio, de los cuales más de 20.000 tienen consecuencias graves. Y que cada caso de suicidio es una tragedia que afecta gravemente no sólo a los individuos, sino también a las familias y las comunidades. Se considera que cada caso afecta a alrededor de seis personas de su entorno.
Estas son las peores cifras de los últimos 40 años y se anticipa que los datos del 2021 van a ser todavía peores.
Y es que en nuestra sociedad el suicidio es un tema invisibilizado que se asocia con la enfermedad mental o la locura. No se entiende que, viviendo en la sociedad del bienestar, ¿cómo alguien puede desear morirse?, hay que estar mal de la cabeza. Por eso no se habla de este tema.
De hecho, tener un diagnóstico de enfermedad mental se considera un factor de riesgo. Pero también hay estudios que demuestran y destacan que, el 50% de la población general, -no población clínica-, sufrirá tendencias suicidas entre moderadas y severas a lo largo de su vida.
Por ello se considera que basar la suicidiología en un modelo biomédico es un fracaso. Se trata de un problema multicausal, multifactorial. Los aspectos psicosociales y contextuales tienen mucho que ver con el suicidio. Por lo que debemos considerar y dar valor a los contextos sociales, políticos, culturales e históricos.
Actualmente la pandemia COVID-19 ha evidenciado que el impacto sobre la salud mental es mayor en aquellas personas que tienen menos recursos económicos. El miedo a morir, a contagiarse, a perder el trabajo o quedarse sin ingresos fue significativamente mayor en personas de clases más humildes.
En concreto, las personas de clase trabajadora y nivel socioeconómico bajo, reconocieron haber llorado más por la pandemia y que somatizaron en mayor medida su malestar, aumentaron sus problemas físicos, que las personas de clase socioeconómica alta.
A este tenor, hace unos días se publicó otro estudio que explicitó que 1 de cada 4 jóvenes había consumido psicofármacos con o sin prescripción médica. Los problemas que más les preocupan son la precariedad laboral, el paro y los bajos salarios; junto a que solo dos de cada diez jóvenes piensan que estos problemas mejorarán en el futuro. Pero el dato más dramático es que de los jóvenes entre los 15 y los 19 años entrevistados, un 19% deseo la muerte en el último año -dos de cada 10 jóvenes-, un 7% lo planificó y un 4,6% intentó quitarse la vida.
Conjuntamente, hay que tener en cuenta que en este momento no existe un Plan específico de Prevención del Suicidio ni en España ni en la Comunidad de Madrid. Este Plan es una exigencia de la OMS para conseguir bajar las tasas de personas que se suicidan en al menos un 10%.
Además, hay que unir dos cuestiones extras: que en España no se forma en las universidades a los profesionales sanitarios sobre el tema del suicidio, y que en el Sistema Sanitario Público existen 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, -en Europa son 18 psicólogos-, por lo que se tiende a medicalizar lo problemas -España es líder mundial en el consumo de Benzodiazepinas y Antidepresivos-. Esta es la ayuda que pueden recibir las personas de clase bajas y trabajadoras. No obstante, solo 1 de cada 4 personas estaban en seguimiento en los Servicios de Salud Mental el año previo a su muerte (Miguel Guerrero).
Este texto es un llamamiento para que:
- Todos nos consideremos agentes de cambio en el tema del suicidio.
- Hay mucho que hacer en muchos ámbitos.
- Se trata de una responsabilidad de todos.
Detrás de cada persona que piensa en el suicidio hay una historia, unos factores de riesgo y otros factores que son protectores, pero debemos tomar conciencia sobre ello, escuchar y expresar.
Que el suicidio deje de ser un tema oculto en la sociedad en la que vivimos. Aprender a hablar sobre ello y hacerlo.
Si en algún momento necesitas ayuda inminente, por favor usa el teléfono 024, el servicio de atención telefónica para la prevención, detección y atención a personas con pensamientos, ideas o planes de conducta suicida. El 024 es gratuito y confidencial y no aparecerá registrada la llamada en la factura.


